El camino del olvido, Aprovechando los recursos que tengo a mano – Toku Mei Gloria Zayas
Reflexión en Zazenkai
9 de febrero de 2025
Una tarde en la cocina, mientras trataba de armar la cafetera riéndose, mi madre me dijo, “Caramba, ya no sé cómo empatar esto. Yo sabía cómo hacerlo y ahora no puedo.” Otro día, al regreso de mi trabajo, me comenta Ana, su cuidadora: “Salió caminando a la calle en un traje raído y sucio. Suerte que la alcancé antes de que llegara hasta el guardia.”
Mi madre, en sus últimos años, me enseñó el camino del olvido. Fue su última y mejor lección. Su mente fue deteriorándose hasta su muerte a los 105 años. Por eso hoy, los olvidos en esta etapa de mi vida son tan normales y aceptables. Los enfrento sin miedo y con el remedio infalible de la vida, la risa. Claro está, hasta que mis hijos, con mucha seriedad y respeto, me advierten que sea más cautelosa cuando ande por ahí.
Cuando en enero del 2022 recibí el diagnóstico de Deterioro Cognitivo Leve y el neurólogo afirmó el tratamiento a seguir, guardé un profundo silencio. Al llegar a mi hogar antes de bajarme del auto de Camilo, le dije llorando, “No quiero olvidarme de ti ni de Milco[1].” Los abrazos de mis nueras y mis hijos ayudaron a levantar el velo depresivo de los días siguientes.
Poco después, un buen día me dije, “Esto lo heredé de mi madre”. Le modelé a mis hijos el cuido de una persona con Alzheimer. Y como en tantas otras circunstancias en nuestra pequeña familia durante la crianza, me agarré del diálogo en familia, la herramienta perfecta para el manejo de los retos que se avecinan. Vivo muy protegida en un apartamento muy pequeño en una comunidad donde tengo buenos vecinos y algunas muy queridas amigas. Mis hijos me visitan diariamente y lentamente han asumido responsabilidad por todas mis necesidades. Mas de una vecina me ha dicho con nostalgia, “Mis hijos no me visitan como lo hacen los tuyos.”
Eso si, lentamente se han convertido en mis papás. Me advierten y me vigilan a distancia a través de Chela y Sandra con quienes se comunican con alguna frecuencia. En algún momento le sugerí tenuemente a Milco que podría caminar hasta Río Piedras desde donde vivo. Me dijo muy seriamente, “Mamá, esa es una decisión que discutiré con Camilo próximamente. Pero tú ya sabes cual será nuestra respuesta”. Así finalizaron mis planes de independencia, no porque no pueda, sino por la tormenta emocional que provocaré cuando se enteren. Cuando me quejo con mi círculo de amigas, me recuerdan cuan buenos son Camilo y Milco.
En vista de que mis quejas no encuentran audiencia, me disfruto mucho caminar diariamente al supermercado ubicado muy cerca de mi edificio. Así que ya ni pienso en salir sin mis dos hijos.
Temprano en este nuevo ciclo de vida le advertí a mis hijos que si en nuestras conversaciones olvido algo, que sean pacientes y esperen a que me llegue el recuerdo. Así, que cuando me falta la palabra necesaria, me observan con paciencia esperando hasta que les pida ayuda. Me visitan diariamente y conversamos. Sobre todo, nos reímos mucho.
No todo es gracioso. Las pesadillas nocturnas ciertamente no lo son. Hasta ahora son mi mayor reto. Provocan mucha desesperación. La primera vez me tomó por sorpresa. Soñé que salí con mis hijos pequeños, en el camino los perdí y nunca los encontré. La sensación de desespero y angustia extrema fue fuertísima. Desperté muy angustiada. Salí de la cama enseguida. Ya en el jardín, me tranquilicé con los sonidos de la madrugada y disfruté la calma nuevamente. De ahí en adelante, es rutinario volver al jardín cuando surgen las pesadillas. En el silencio de la madrugada disuelvo la angustia lentamente observando el devenir de la naturaleza en las hojas secas en el suelo y los retoños nuevos en las plantas. Me recuerdan que los cambios físicos y mentales que experimento son un mero síntoma de esta condición. Y eso me lleva a refugiarme en la meditación.
Cuando me enfrenté al diagnóstico de mi madre descubrí dos buenas fuentes de orientación: los grupos de apoyo para familiares de personas con Alzheimer y el libro “Cuando el día tiene 36 horas” de Nancy Mace y Peter Rabins. Es un libro esquemático escrito para los familiares con dicha condición. Ambas fuentes de apoyo me ilustraron el camino más sabio: la aceptación y la búsqueda de sabiduría para el manejo diario de una condición interesante, de retos abundantes y oportunidades de crecimiento continuo. A raíz de esas lecturas nacen mis mantras para manejar las dificultades, especialmente cuando entro en una etapa nueva que marca el progreso de la condición: Soy afortunada … Mis hijos están presentes … Su apoyo es antan amoroso… Estoy protegida … Me siento amada … Recibo con amor y gratitud el apoyo de mis queridas amigas … Enfoco en el presente continuamente. De esta manera, apoyada en mi fe en Buda y mi sangha, enfrento cada nuevo cambio con aceptación intentando aprender para enfrentar el temor con sabiduría y compasión.
Valoro tanto las noches de discusión virtual con la sangha. Me complace sentirme retada con la lectura y las discusiones. Me hacen sentir capaz mentalmente. Sobre todo, valoro tanto los retiros dominicales. Agradezco el espacio mensual del Dokusan y la comodidad y confianza que me ofrecen Sandra y Valorie[2].
Hoy día aprecio tanto a mi mamá y mi papá que me acogieron en su hogar cuando me divorcié y me apoyaron en la crianza de Camilo y Milco, especialmente cuando decidí estudiar la maestría. Se criaron en una casa con un patio grande. Observaron a los abuelos sembrar y cosechar. En el sótano de la casa mi padre tenía su taller de ebanistería. Construyó un hermoso corral de madera muy elaborado que sus nietos aprovecharon. Los juguetes eran remanentes de pedazos de madera de diferentes formas. Hoy día, Camilo tiene su propio taller de arte y ebanistería. Conviví con él y Nadjah cuando me fracturé las rodillas y le vi construir un horno de cemento en el patio. Las barbacoas con los amigos son famosas. Trabajan su hermoso jardín continuamente. Recordé tanto a mi papá durante esos días.
La terraza de Milco y Sol es hermosa con pequeños árboles y un jardín que ambos atienden mientras cocinan y asean su casa. Me enorgullece tanto presenciar como mis dos hijos y sus compañeras cuidan su vida conyugal y atienden las tareas del hogar como un equipo amoroso y eficiente.
¿Cuándo y cómo aprendí a mirar la vida y sus retos desde el lado positivo? Cuando asumí el rol de jefa de familia una vez me divorcié. Fue mi experiencia más intensamente dramática y enseguida aprendí a buscar sabiduría para criar y vivir en paz. Me inicié en el Budismo Tibetano en el Centro Budista Ganden Shedrub Ling en Puerto Nuevo cuando mis hijos eran adultos independientes. Participé en los grupos de estudio nocturnos durante muchos años. Antes de cada clase meditábamos brevemente. Cuando Sandra regresó definitivamente a vivir en Puerto Rico me invitó a iniciar un grupo de meditación en su casa. Por alguna razón extraña siempre deseé meditar en silencio más de 15 minutos. Consulté con mi Maestro tibetano y se alegró muchísimo. Y fue así como inicié mi tan deseada experiencia meditativa en el Centro Budista Zen Soto.PR.
Nos sentábamos sobre viejas toallas y cojines. No fue agradable mantener la espalda derecha y la concentración en la respiración por largo rato. Bajo la tutela de Sandra fui corrigiendo mi postura lentamente y acostumbrarme a la postura fue un proceso eternamente lento y muy doloroso. Al principio fuimos dos por mucho tiempo. Luego llegó una joven, familia de Sandra, y entonces fuimos tres. Con el tiempo, volvimos a ser dos hasta que un joven maestro de escuela privada que enseñaba un curso sobre distintas religiones se unió con cuatro estudiantes de cuarto año.
Sentíamos el espacio lleno de gente entonces. Nos acompañaron cuando Susan Jion, la primera maestra de Sandra, nos visitó. El Centro Ganden Shedrub Ling nos ofreció el local en Puerto Nuevo para una presentación de Susan y tuvimos casa llena. Cuando los jóvenes se graduaron volvimos a ser dos. Me ausenté de la práctica por algún tiempo y a mi regreso encontré a Maribel, Nitza y Luisa y posteriormente Carmen Ada (quienes con Sandra son mis hermanas Zen) y hoy día son practicantes regulares. Y regresé definitivamente a mi hogar Zen.
Les incluyo una breve bibliografía de estudios científicos enfocados en el efecto fisiológico de la meditación en el cerebro con pacientes con Impedimento Cognitivo Leve y Alzheimer, los cuales revelan que la meditación diaria a largo plazo podría minimizar el proceso neurodegenerativo en áreas cruciales del cerebro en pacientes con demencia senil. Incluyo también referencias de tres tesis sobre este tema presentadas por psicólogas puertorriqueñas.
Al repasar dichos estudios cobré consciencia inmediata de la sabia decisión que tomé al estudiar Budismo en Ganden Shedrub Ling y de estudiar y practicar meditación en el Centro Zen Soto hace más de 17 años, de haber conocido a Susan Jion y de tener actualmente dos maestras de meditación tan consecuentes como Sandra y Valorie.
Agradezco la oportunidad de compartir con ustedes mi intimidante, asombroso y aleccionador viaje cerebral a través de experiencias personales, así como lo que voy descubriendo sobre estudios académicos sobre la meditación y el Alzheimer.
Referencias sobre el tema de la utilidad de la meditación en el tx de Alzheimer:
1.Chen, Yunhui, MD, PHD; Zang, Jiayuan, MD., et.al. (March 2020). Meditation Treatment of Alzheimer’s Disease and Mild Cognitive Impairment: A Protocol for a Systematic Revision. DOI:10.1097//MD.000000000001913.
2.Madhukar Dwivedi, Nacha Dobey, et.al. Front Hum. Neurosc. (November 2021). Effects of Meditation on Structural Diseases of the Brain in Patients with Mild Cognitive Impairment on Alzheimer’s Disease Dementia. Sec. Cognitive Neuroscience Vol. 15-2021/http.//doi.org/103389/fnhum.202.728993.
3. Wells, R.E., Kerr, C.E., et.al. (2013). Meditation for Adults with Mild Cognitive Impairment: A Pilot randomized Trial. American Geriatric Society 61,642-645
[1] Son mis dos hijos.
[2] Sandra es la maestra del Centro y Valorie es la maestra de Sandra que ofrece enseñanzas a la sangha.
