Reflexión en duelo – Gen Yo, Carmen Ada Morales

Reflexión en Zazenkai

8 de junio de 2025

Gracias a mi cuñado por ser maestro de esta reflexión y a Sai Hõ Sandra Laureano por invitarme compartirla.

El 30 de noviembre de 2024 mi cuñado fue diagnosticado con cáncer en los riñones y una situación de salud comprometida. Murió el 4 de enero de 2025. Para nuestra familia fue súbito e inesperado porque la muerte todavía nos sorprende y no nos encontramos preparados para enfrentar, ni la muerte de un ser querido, ni la propia. Parece que preferimos que nos tome por asalto, quizás porque pensamos que no hay nada que se pueda hacer o quizás simplemente no la queremos aceptar. La separación es dolorosa.

Comencé el mes de diciembre buscando la mejor manera de enfrentarla. Lo primero que sentí fue la necesidad de apoyar a mi compañero. Él y su hermano tenían una mirada muy diferente hacia la vida y estaban distanciados. Sanar el bagaje familiar dentro del proceso de la muerte es un reto, pero también es una oportunidad y un regalo poder hacerlo. Entendimos, lo pudimos hablar, de que era beneficioso para todos buscar sanar todo lastre.

Me enfrenté también al miedo a las necesidades que una enfermedad como ésta acarrea, tanto a nivel emocional afectiva como material y de los recursos necesarios en nuestra sociedad para atenderla. Todas estas cosas las sentía gigantes y abrumadoras. Me di cuenta de que me encontraba en una mente catastrófica de carencia y de preocupación donde nada parecía ser suficiente. Decidí soltar ese paradigma y ese hábito que tengo de preocuparme y propuse no dejar de sentarme a hacer zazen.

Otro reto fue buscar un balance e intentar mantener las actividades familiares de la época navideña, dejando ir toda expectativa de como deberían ser, e intentar fluir. Me propuse no dejar de sentarme a hacer zazen.

Establecí mis rituales. Me acompañó el Mantra del Buda de la medicina-del cual Sandra me había hablado antes, durante la pérdida de una amiga. Busqué en las redes un ritual, un cántico, una presencia, una visualización. Hice el Mantra del Buda de la medicina diariamente y en cualquier momento del día. Intensifiqué el envío de Reiki y luego el reto de soltar todo al universo para entrar en zazen.

En un momento sentí la necesidad de agradecer e hice el Verso de gratitud. Por un segundo tuve la tendencia a juzgarlo no apropiado, pero me dejé llevar y me di cuenta de que era lo que necesitaba mirar. Para mí el agradecimiento siempre es sanador.

“Infinita bondad hacia el pasado.” Me invitó a soltar y sanar todo malestar de experiencias pasadas, perdonarnos y perdonar. Todo parece insignificante ante la muerte.

“Infinito servicio en el presente.” Ante la muerte no hay nada que se pueda arreglar. El llamado al infinito servicio me llevó a hacer lo que podía y estaba en mis manos hacer. Esto lo relacioné con el Eco-dharma, que ante la situación climática y los cambios planetarios nos invita a mirar el dolor que surge en nosotros y hacer lo que pueda estar al alcance de nuestras manos para aliviar ese sufrimiento para todos. Me orienté a cuidar a mi cuñado, acompañarlo, tocarlo, alimentarlo. Tareas concretas como lavar la ropa, especialmente las sábanas que había que cambiar diariamente, ofrecer transportación, cocinar, comprar algo que necesitaran, amanecidas en emergencia, ayudar a navegar el mundo de los planes médicos y la compañía en el silencio. Una escucha libre de juicio, para que mi compañero y mi cuñada pudieran manifestar sus propias condiciones y contradicciones.

“Infinita responsabilidad hacia el futuro.”  Soltar la preocupación de no tener los recursos suficientes para enfrentar las necesidades apoteósicas que mi mente estaba generando.  La manera de encontrar balancear las necesidades del momento presente con la responsabilidad hacia el futuro de mi familia inmediata. Buscar ese balance es parte de mi responsabilidad hacia el futuro.

Observé el proceso de muerte de mi cuñado recordando la lectura que hicimos en el Centro de Ponlop 1. Recordé el texto y sobre todo las sensaciones que me había dejado cuando la compartimos en la Sangha, e intenté incorporarla, a mí manera porque no pude repasar la lectura. Estuve totalmente consciente de que no estoy preparada en ello y de la deseabilidad de prepararme. Para esta reflexión de hoy sí busqué la lectura y comparto algunas cosas. Cito a Ponlop:

“El bardo* doloroso de la muerte comienza cuando enfrentamos una condición no favorable que causa la disolución de las apariencias de la vida y culmina con el cese de la respiración. Se le dice doloroso al bardo de la muerte porque al momento de la disolución de los elementos, cuando comenzamos a perder el contacto con las apariencias de la vida, ocurre cierto grado de sufrimiento físico y psicológico. 

Cuando estos sentimientos surgen debemos pensar en los Cinco recordatorios y saber que no somos los únicos que morimos. Como nadie nos puede decir cuándo vamos a morir, debemos estar preparados.

El origen de este sufrimiento es el apego a la vida. Primeramente, debemos soltar el apego a la vida. De otra manera nuestra mente va a estar tan ocupada aferrándose a la vida que nos perderemos toda la experiencia y la oportunidad de notar lo que   verdaderamente está pasando. Practicar soltando nuestros apegos, que no son otra cosa que los hábitos de agarrar y aferrarnos, que se han solidificado. Aprender a deshacer estos hábitos a través de las prácticas de atención plena en cada situación, sin esperar estar en el cojín. Si rompemos el ciclode agarrar y aferrarnos en esta vida podremos trascender el sufrimiento en el bardo de la muerte.”

Reflexiono sobre esto y afirmo que es apremiante prepararnos e ir identificando y soltando los apegos, desde los más pequeños y según los podamos manejar. Apego a cosas materiales, apego a una efímera seguridad, apego a ideologías, a conceptos. Apego a los afectos, siendo estos para mí los más difíciles.

Hace algún tiempo leí un libro titulado “Los últimos regalos” de un grupo de enfermeras en EU que atendían a pacientes terminales en su proceso de transición. En resumen, plantean que siempre ofrecen un regalo final. Observaron que morían en paz quienes no tenían asuntos pendientes que resolver. Medité sobre esto ubicándome en el momento de enfrentar la muerte y fue para mí muy revelador y emocionalmente difícil comenzar a identificar y adentrarme en aquello que me frenaría poder morir en paz, ¿qué debo mirar, atender, y soltar? No hay que esperar al momento de la muerte.

Otra recomendación de Ponlop es que desarrollemos la aspiración y la intención de enfrentar la muerte con tranquilidad y poder decirnos en ese momento: ‘llegó la hora de morir y este momento es muy importante para mí, es inevitable’. Una gran aspiración.

Cuando comencé en el Centro a leer los Cinco recordatorios, percibía cierto morbo en esa insistencia y repetición. Ahora entiendo y acepto cuán liberador puede ser cuando miramos la realidad tal cual es y de la necesidad de recordarlos una y otra vez, sin morbo, sino con ecuanimidad. Cuando muere un ser cercano a uno se hace muy presente el recordatorio, pero luego vamos fácilmente volviendo a nuestras vidas y a “olvidar”.

Continua Ponlop sugiriendo que debemos buscar familiarizarnos con las etapas de la disolución de los elementos al morir, y afirmar y reafirmar nuestra intención de mantenernos calmados y atentos en el momento presente. Mantener esta intención viva y con determinación. Puede que nuestra intención se vea interrumpida a veces por el dolor y el miedo, pero es importante regresar a ella una y otra vez. Esta aspiración debemos hacerla por lo menos tres veces al día, nos aconseja Ponlop. Igualmente, al momento de morir debemos decirla en voz alta una y otra vez. Cuando nos hacemos una con la intención, es entonces que nos vamos acercando a ella.

La lectura de Ponlop, si la quieren repasar, explica como ocurre la disolución de los elementos y ofrece conductas que son observables donde se pueden identificar estos cambios y acompañar a la persona a transitarlos, o a poder reconocerlos en el proceso de nuestra propia muerte.

Llegó el momento en que mi cuñado no se quejaba del dolor físico. Hubo momentos que pudo sentarse a charlar, a sanar y a decirle a mi cuñada que la amaba. Hubo momentos que mi cuñado parecía estar alucinando, incoherente, agarrando cosas en el aire, momentos en que decía sentir fuego por dentro. Momentos en que le verbalizó a su hermano que se estaba muriendo, lo cual dijo, con asombro, pero con tranquilidad y aplomo, de la misma manera que enfrentó muchas de las dificultades que se le presentaron en su vida. Hubo momentos que llamaba a sus seres queridos, momentos que regresaba y te apretaba la mano, en saludo o despendida, daba lo mismo.

Recordé una mención que me hizo la maestra Sai Hõ Sandra Laureano sobre una acción en el momento de la muerte de contar hasta cierto número y luego contar a la inversa, lo visualicé como la rueda de la vida. No recordaba exactamente lo que me compartió, pero yo hice mi versión con la intención de facilitarle el ir y venir de la vida y la muerte. Me dediqué a tocar a mi cuñado en el hombro haciendo un círculo sobre su piel contando del uno al diez en un círculo en una dirección y luego contando a la inversa en la otra dirección. No sé qué efecto tuvo para él esa acción, pero sí la compasión, el amor y el perdón que generó en mí. Me sirvió para trabajar la aceptación de lo que parecía inevitable y poder apoyar a mi familia.

Los rituales de despedida son para los que nos quedamos, y vienen otros aprendizajes.

Mi cuñada me pidió que escribiera la despedida de duelo en la funeraria en nombre de la familia. Decidí que lo iba a despedir y a recordar con amor, perdón y con la intención de que lo acompañaran sus buenas acciones, las cuales resalté. Me vino a la mente una imagen de cuando lo conocí hace más de 40 años, vital y feliz y me propuse recordarlo así. Todos entramos y salimos con nuestras condiciones kármicas, como dice el Ritual del bardo que me facilitó la compañera Gloria Zayas, en otra pérdida cercana que tuve recientemente. Continué con esta lectura e intención por los próximos 48 días después de su fallecimiento.

Vivimos con mi cuñada y con mi compañero lo angustioso de pensar estar en la situación de tener que decidir sobre la vida y la muerte de otra persona. Nos enseña la necesidad de hacer un testamento de vida o directrices anticipadas, tanto para uno mismo en el proceso de morir como para liberar a otros de tener que tomar esas decisiones.

Mi cuñado se había convertido al judaísmo y el ritual del velatorio y del entierro fueron judíos. A pesar de vivir un momento de tanto malestar hacia la comunidad israelí por el genocidio en Palestina, decidí acoger el ritual judío con mucho respeto, tanto hacia mi cuñado como a su esposa y como un ejercicio de tolerancia y de amor. ¡Una vez uno se abre a algo es maravilloso, fue muy buena la experiencia! Me llamó la atención del ritual judío la caja cerrada en el velatorio y la ausencia de flores. Ambas cosas han sido parte de la tradición de mi familia así que me sentí muy en casa, quizás hay linaje sefardita en mi familia, quién sabe.  Me impresionaron mucho las palabras del rabino y su acercamiento a la muerte. Habló de las contradicciones que tenemos todos los seres humanos, pero que en la tradición judía se despiden con énfasis en las luces, para que los acompañen esas buenas intenciones. Habló del proceso del duelo y lo dividió en tres etapas. La primera, en la cual nos encontrábamos en ese momento en el velatorio, es la del dolor y hay que transitarla. Luego se entra en la etapa del silencio y más tarde, poco a poco se vuelve a cantar a la vida.

Las cenizas de mi cuñado las enterramos en un Cementerio Ecológico en Cupey Alto, donde transfieren las cenizas a una urna biodegradable que se entierra bajo un árbol escogido por la familia. Nuevamente el Rabino ofició el entierro y lo primero que hizo fue invitarnos a estar un rato en silencio. Nuevamente me sentí en mi casa. Se escuchaba el sonido del viento, de las hojas moverse y de los pájaros cantando. Al rato de un silencio acompañado de sonidos que discriminamos como agradables, comenzó a retumbar una máquina de cortar piedras. Yo la escuché y tranquilamente la percibí como otro sonido más. Recordé y agradecí nuestros Zazenkais porque me prepararon a entender que el sonido de los pájaros o el de los perros o de los “trimmers” son solo sonidos. Al terminar el período de silencio el Rabino alude directamente a la aparente contradicción en los sonidos pero que todo es parte de todo, y cómo esas mismas contradicciones y discriminaciones habitan en todos nosotros.

Luego se entierra la urna biodegradable y cada persona presente recoge tierra con una palita y se va cubriendo poco a poco la urna. La palita no puede pasar de mano en mano. Cada cual la pone nuevamente en la tierra para el próximo. Una vez terminado ese proceso cada persona cubre el espacio del entierro ubicando una piedra blanca sobre la tierra. Al terminar el rabino nos invitó a lavarnos las manos, dice que es importante incorporar el elemento del agua y luego nos invitó a regresar a nuestros hogares por un camino diferente al que tomamos para llegar al cementerio para así facilitar el comenzar a entrar en la nueva etapa del duelo y poder en algún momento volver a cantar. Así lo hicimos.

Cuando regresé al Centro encuentro el libro de Thich Nhat Hanh 2 “How to Live When a Loved One Dies” y quisiera compartir algunas de las enseñanzas que me acompañaron después del fallecimiento de mi cuñado. El duelo tiene su tiempo.

“Tocando la última dimensión”

“Una vez, cuando estaba a punto de pisar una hoja seca, vi la hoja en la última dimensión de la realidad. Vi que no estaba muerta, sino que se fundía con la tierra húmeda y se preparaba para aparecer en el árbol la primavera siguiente. Sonreí a la hoja y le dije: “Estás fingiendo”. Todo es fingir, nacer es fingir y morir es fingir. Cuando las condiciones son suficientes, el cuerpo se revela a sí mismo, y decimos que el cuerpo existe. Cuando las condiciones no son suficientes, el cuerpo no puede ser percibido por nosotros, y decimos que el cuerpo ya no existe. Sin embargo, el día de nuestra llamada muerte es un día de nuestra continuación en muchas otras formas. Si sabes cómo tocar a tu ser querido en la última dimensión, siempre estará ahí contigo y dentro de ti. Esta es una práctica profunda y puede aliviar nuestro sufrimiento cuando perdemos a alguien.

“Dimensión relativa y absoluta de la realidad”

“En lo que llamamos la dimensión histórica tenemos las partidas de nacimiento y de defunción. El día que fallece un ser querido; sufres. Este es el mundo de las olas. Se caracteriza por el nacimiento y la muerte. Una ola tiene un principio y un final, pero no podemos atribuir estas características al agua. En el mundo del agua, no hay nacimiento ni muerte, no hay ser o no ser, no hay principio ni fin. Cuando tocamos el agua, tocamos la realidad en su última dimensión y nos liberamos de todos estos conceptos.

Percibo el agua en esta metáfora como el Espacio de la Mente Grande a la cual hace referencia Kyōshō Valorie Beer en sus enseñanzas sobre el Sutra de la plataforma. Vaciamos nuestra mente chica, la de nuestra manifestación física equivalente a las olas, para dar espacio al agua.

Continua Thich Nhat Hanh:

“Deberíamos ser capaces de tocar las dos dimensiones de la vida; la histórica y la última. La ola existe en la dimensión histórica donde hay nacimiento y muerte, arriba y abajo, adentro y afuera, mientras que el agua pertenece a la dimensión última, o nirvana. Por lo general, solo estamos en contacto con la ola, pero cuando descubrimos cómo tocar el agua, recibimos el fruto más alto que la meditación puede ofrecer. Cuando la ola mira hacia atrás y se da cuenta de que es tanto la ola como el agua, ya no tiene miedo de morir. No estamos limitados por nuestra línea de vida”

Mientras hacía esta reflexión que comparto hoy recordé el nacimiento de mi hija. Es la puerta giratoria entre la vida y la muerte. Mi hija fue recibida al mundo por una comadrona que seguía las enseñanzas budistas y que, al nacer, antes de ponerla en mis brazos, le hizo una reverencia a su naturaleza búdica, mientras en una casetera sonaba la canción “Dust in the Wind” (Polvo en el viento) del grupo Kansas, la cual le dediqué a mi hija y a su nacimiento. Me parecía hasta contradictorio, pero intuía que era la adecuada.

            Polvo En El Viento/Dust In The Wind

            Cierro los ojos
            Solo por un momento y el momento se ha ido
            Todos mis sueños
            Pasan ante mis ojos, muy curioso

            Polvo en el viento
            Todo lo que somos es polvo en el viento

            La misma vieja canción
            Solo una gota de agua en un mar sin fin
            Todo lo que hacemos
            Se desmorona en el suelo, aunque nos negamos a verlo

            Polvo en el viento 
            Todo lo que somos es polvo en el viento

A propósito de esta canción comparto otra cita del libro de Thich Nhat Hanh:

            “De cenizas a cenizas”

“Cuando decimos que los humanos vamos de cenizas en cenizas, y de polvo en polvo, no suena muy alegre o reconfortante porque ninguno de nosotros quiere venir o volver al polvo. Pero es nuestra mente de discriminación la que piensa de esta manera, porque no sabemos lo que realmente es el polvo. Para los científicos, una mota de polvo es muy emocionante, cada átomo es un vasto misterio. Una partícula de polvo es una maravilla.”

Del proceso de envejecimiento

Me he preguntado lo que implica entrar al y comprometerse con el Camino del Budismo a una edad avanzada, como ha sido mi experiencia. Conocemos los retos que enfrentamos en esta etapa de la vida, el deterioro, la disminución de nuestras capacidades, para muchos la soledad, el reto de integrar nuestras experiencias y dar sentido a la vida, el reto de enfrentar posibles enfermedades y la muerte.

Sin embargo, enfrentar esta etapa de la vida también tiene sus beneficios. Dice Zoketsu Norman Fischer en un artículo en Lion’s Roar titulado “The Wisdom of Aging with Grace” (La sabiduría de envejecer con elegancia) 3 que experiencias pasadas y nuestros hábitos solidificados puedan llevarnos a una vejez amarga y triste, pero la realidad es que la práctica espiritual nos permite contrarrestar estos hábitos en nuestra mente. Si bien es cierto que comenzar a hacerlo desde joven nos ofrece más posibilidades, nunca es tarde. Repaso el Sutra de la plataforma que habla de que no hay línea de vida. Mas y más personas de edad avanzada están acogiendo prácticas espirituales, muy motivados y muy claros de por qué lo hacen. La fuerza vital nos acompaña hasta la última respiración.

Hay cualidades que según Fischer son parte del envejecimiento y facilitan el camino, estamos más abiertos a incluir la sabiduría, la paciencia, el agradecimiento, la ternura, el humor, la resiliencia y el amor.

Pienso que además de establecer la aspiración de enfrentar la muerte en paz, también podemos establecer la intención de servir como modelo para otros de cómo enfrentar la vejez y la muerte. He vivido experiencias de personas que me han enseñado un buen envejecer y un buen morir y lo agradezco profundamente.

Hay quienes dicen que morimos como vivimos, yo he vivido aprendiendo y espero seguir aprendiendo, incluyendo aprender a morir. Seguir en el Camino, en la atención plena en el momento presente y como recomienda Ponlop, hacer de este buen morir una aspiración manifiesta.

*Bardo- estado intermedio entre la muerte de un individuo y su reencarnación. zenkan.com/glosario/glosario-budista

Referencias:

1 Dzogchen Ponlop. Mind Beyond Death. Shambala Publications, 2017.

2 Thich Nhat Hahn. How to Live when a Loved one Dies: Healing Meditations for Grief and Loss. Parallax Press.2021.

3 Zoketsu Norman Fischer. The Wisdom of Aging with Grace. Lion’s Roar. 2026. https://www.lionsroar.com/how-to-age-gracefully/