
Un lugar para estar con la naturaleza
El Buda practicaba la meditación en los bosques, en las junglas como un mendicante y obtuvo la iluminación sentado bajo un árbol. La práctica de sentarnos solos en la naturaleza es una práctica muy humana encontrada en muchas culturas alrededor del mundo. Exhortamos a sentarnos al aire libre, en la naturaleza. Esto no reemplaza nuestra práctica de meditación de Zazen pero la complementa y la extiende al mundo natural.
Sentarnos en un espacio dentro de una estructura es por lo general un lugar mas o menos silencioso y protegido de los elementos de la naturaleza, que nos ayuda a buscar establecernos y centrar nuestra mente. Podemos cerrar la puerta y no ser interrumpidos. Podemos controlar la temperatura y sentirnos cómodos. Podemos decorar el espacio con imágenes de los maestros, velas, incienso y ofrendas. Un espacio para meditar así́ es una creación humana.
Una vez nos centramos en este espacio interior podemos salir al exterior. Quedarnos siempre adentro puede aislarnos de los elementos espontáneos e impredecibles de la naturaleza; la temperatura, los cambios en el clima los animales, insectos, pájaros y toda clase de vida y energías. Entramos en un mundo vasto y sin fronteras que nos permite interactuar directamente con él, sumergiéndonos en los elementos. No hay techo, puertas o ventanas con telas metálicas que nos separen.
Al comienzo quizás nos sintamos vulnerables y expuestos, hasta ansiosos, quizás entretenidos y la mente comience a divagar. Quizás podamos centrar nuestra atención abriéndonos a sentir y percibir con una mirada suave y panorámica. Agudizamos el sentido de la audición percibiendo los sonidos en todas direcciones, puede ser el sonido del tráfico, del canto de los pájaros, del agua corriente, de los insectos, de lo que se presente. Olemos la tierra, sentimos la temperatura, la humedad, el viento. Si estamos vestidos apropiadamente podemos sentarnos con la lluvia, con el calor o con el frío.
Busquemos un lugar donde podamos estar en la naturaleza. Un lugar especial cerca de donde vivimos, no mas de una caminata de 5 minutos. Puede ser el patio de nuestras casas, un parque cercano, hasta un balcón desde donde se pueda ver la naturaleza. Lo mas importante es que esté accesible, nos ofrezca privacidad y seguridad. Hacer esta práctica regularmente por lo menos 15 minutos hasta una hora. La regularidad es la clave, al menos un par de veces a la semana, para que conozcamos nuestra zona, y nuestra zona nos conozca a nosotros. No estamos solos, ya que todas las criaturas que viven en ese lugar están muy pendientes de nosotros. Gran parte del poder de tener un lugar para sentarse profundiza nuestro sentido de interrelación. Observamos la disposición de la tierra mas de cerca, aprendemos de dónde viene nuestra agua y a dónde va, experimentamos los cambios sutiles de las estaciones y conocemos las plantas y animales locales. Despertamos al lugar donde estamos, uniéndonos a la tierra, al cielo y a todos los seres sintientes o no sintientes.
Después de hacer esto un tiempo podemos también invitar a otros a este espacio. Nos adentramos a la práctica en silencio. Observar la diferencia entre hacerla sola o acompañada. Si se quiere, se pueden compartir las observaciones. Miremos cómo se manifiesta en nosotros el sentido de comunidad e interrelación tanto con la naturaleza como con otras personas.
The Sit Spot Practice Guide. John Rockwell y Adam Lobel. Curso de Ecosattva de One Earth Sangha.
Traducido y adaptado por GenYō Carmen Ada Morales. Centro Budista Zen Soto.PR
